17.3.10

Engañado por Murakami.


Como había dejado ver entre líneas, aún entre sueños, mi primera actividad es coger uno de los libros que se ubican al costado de mi cama, esencialmente uno de cuentos, y darle lectura a uno sólo de ellos, esto permite enfrentarme a la cotidianeidad no sólo con mi carga emocional, sino reforzada por algún personaje que me provee tal o cual actor. Sin embargo, hoy día el cuento (si se puede llamar así) no ha cumplido dicha función, por el contrario, siento un dejo de engaño y coraje, sobre todo por mi admiración, fascinación, complicidad e identificación con el autor, y sobre todo con sus historias.


Hablo del maestro Haruki Murakami, que si bien me resulta más atractivo como novelista que cuentista, no quiere decir que me haya sentido engañado anteriormente, simplemente dentro de su libro Sauce Ciego, Mujer Dormida encontramos varios fragmentos o historias que, si se conoce su obra, inmediatamente remiten a tal o cual libro, se ubican perfectamente y esto no sólo por experiencia propia, incluso el mismo Murakami hace mención de ello.

El problema radica, y no implica que mi deseo constante por seguir su obra disminuya, en que el cuento "Luciérnaga" no nos remite a una de sus novelas, pero tampoco resulta original, puesto que es un extracto de la novela misma, nos referimos a su excelente y hasta ahora favorita novela de Tokio Blues. Norwegian Wood, Sí a la incomparable Naoko y al buen Watanabe. La sensación que uno tiene durante la lectura de La Luciérnaga es el de abrir la novela al azar y releer un fragmento de la misma, porque ni siquiera puede decirse que es un resumen de la historia, ya que uno sabe perfectamente lo que acontece, en qué momento y lo que continua en la Tokio Blues. Quizá si no se ha leído la novela tendría otro significado, sin embargo, tampoco se puede engañar a tal grado a sus propios seguidores, sensación que me invade y me ha catapultado de la cama misma en busca de algún aliciente.

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