16.3.11
La Niña Burbuja
365 días
21.2.11
Traductor
2.12.10
Algo que pudo ser una carta
4.10.10
Capitulo tres: Los tenis azules
23.9.10
Reemplazo
25.8.10
Una letra
Hoy me di cuenta que una letra puede llevarse de un lugar a otro con todo el cinismo que la embarga, no importa de quién o de cómo venga, la responsabilidad de ésta se le puede generar a uno u otro par de ojos sin importar que esos ojos sepan el origen de la misma.
Hoy me di cuenta, justo cuando volteo al cielo dentro de mi habitación, que la letra se quedo muda.
Hoy me di cuenta que las letras no tienen sonido, sólo se sienten, y esto se potencializa cuando uno le imprime la carga, no a la letra, sino a la marca que la hace o por la que se creó.
Hoy me di cuenta de las letras que he pisado durante el día, hasta que la suela de mis tenis reclamaron su cansancio, entonces, las que cayeron en mis hombros replicaron, gritaron y se unieron a las de mi cabello para que me diera cuenta de que continúan alimentándose de mí.
Hoy me di cuenta del silencio, ante el cuchillo de mis dedos, que las letras guardan constantemente, para gritarme y reclamarme, sus ansias por dejarme sangrar.
Hoy me di cuenta que no me he dado cuenta de nada y que cada letra me sorprende constantemente justo cuando se descuelgan e intentan suicidarme.
Olvido
93
26.7.10
Imagina esto…
En serio, inténtalo… te estoy hablando, no sólo es un título. Sólo cierra los ojos he imagina… mejor dicho, sólo escucha… es intermitente, su caída, el cuerpo que lo envuelve, se junta, se forma y si estás más atenta encontrarás la diferencia… ahora calla, no respires, siente como tu cuerpo intenta sentir lo que quiero decirte, lo que quiero que sientas, no sólo es su sonido, sino el contenido y la forma que se va creando. Pon atención, sabrás de dónde proviene, ahora continúa con tu sensación, hazle caso a tu cuerpo… la puerta en color blanco viene a tu mente, es la misma, sólo que ahora lleva una grieta entre sus venas, la mancha de café sigue intacta, en aroma y potencia, con su inocencia y gritos, giras un poco, abres con la incertidumbre de la sorpresa pero no te detienes, aguantas la respiración, cierras los ojos y tu pie derecho obedece al placer, no a ti, por ello, te otorga el primer paso, la primera sensación sónica que tanto te habías reservado para el grito final, un segundo paso le continua y el crujido de los pasos sigue retumbando en tus oídos, ¿reconoces ese sonido?, mudo y sórdido ante tu andar… ándalos, continua unos cuantos pasos más, sabes que el murmullo se presenta a la izquierda; ten cuidado con la astilla con la que alguna vez te tropezaste, recuerda que tus gritos y lágrimas me tuve que sorber entre risas frívolas que me caracterizan y que te alteran; alzas el pie, me escuchas pero no dejas de sentir, tu curiosidad es tan amplia como el espectro emocional que cargamos; llama tu atención el reflejo de tu rostro que te encuentra en el espejo sobre la cabecera de la cama, el negro que lo enmarca y el olvido que refleja… Te detienes, sabes el camino pero te detienes, no soportas la atmósfera que te embarga y avanzas acelerando tu paso hasta que un libro, no importa el título siempre fue uno diferente, te detiene, el cuerpo se te dobla, desfallece, te acercas lentamente, la rodilla derecha en la duela y el brazo izquierdo intentando tomarlo, ambos tiemblan y se vuelven lentos sin tiempo, uno de tus dedos intenta tocarlo pero la carga de las letras retumban en tus oídos sobresaltándote; sacudes tu cabeza, te llevas las manos al rostro queriendo limpiar el sudor que no existe y volteas buscando lo que sabes no encontrarás, porque aún no termino de escribir…. Todo sigue en su lugar, o al menos así lo parece, a la izquierda se encuentra el closet de los momentos, la ropa que nunca hizo falta; giras lentamente hacia la derecha y una perspectiva del espejo que nos reflejo te escupe sólo tu rostro; frascos, pomos y olores particulares te invaden los pulmones, te levantas con gran esfuerzo y rodeando la cama negra con la funda amarilla te diriges hacia lo que llama tu atención; una lágrima de tu ojo izquierdo resbala por tu mejilla e intentas secarla, aunque no lo logres, los números del frasco y la imagen que te proyectan se mezcla con ella, respiras profundo e intentas contenerte, es un símil de mi aroma. El frasco cae y los trozos que salpican tu dolor te hace reaccionar, la soledad de tu rostro te observa desde el interior del espejo; lo siento… se me olvido sacarlo… te volteas con gran rapidez, observas a uno y otro lado en busca de algo que te haga aferrarte o sentirte parte de este espacio. El brillo de un título te deslumbra, reconoces la imagen, asomaba del bolsillo trasero de mi pantalón junto a una fuente en una ciudad que no nos pertenecía, noctámbulamente algunas de esas letras han perpetrado tus sueños, ahora con gran ímpetu corres hacia ellas, intentas buscarlas, pero la página en blanco te ciega, solo se escucha el sonido del libro al caer, seco, sin sentido, sin palabras y sin letras. Sólo entonces callas, guardas silencio total, dejas de ser y tus pupilas se dilatan, tu respiración se tranquiliza, el miedo lo interiorizas, el grito guarda su intensidad en tu boca y las manos con sus caricias se desperdigan por la sábana, la duela y parte de tu cabellera. Intentas tranquilizarte, pero el continuo de ese sonido que te trajo hasta acá sigue retumbando en tus oídos, ahora lo sientes. Tus ojos se fijan en el hilo de un color intenso que no puedes descifrar, pero que tan poco es tu fin, lo sigues con sigilo, lentamente, con respiración cortada, su camino perfecto baja lentamente, te muestra cada parte que ha sido dañada, te asombra la perfección del hecho, incluso piensas que es parte de una práctica constante, de un sentimiento inalterable, eres tú a la perfección. El sonido urbano rompe el silencio, las persianas azules se vuelven un péndulo y, entrecortadamente, ceden el paso a una luz casi indescifrable, es entonces cuando tu rostro gira y puedes observar y sentir esa emoción que aún nos carcome y que me lleva al final de las letras, tu rostro refleja pánico, desesperación e impotencia, cada recuerdo te ha llevado más de lo debido; el sonido se vuelve más intenso, constante, monótono, comienza a tomar forma, color y cuerpo, el dedo contiene los decibeles y los líquida a su propio ritmo, te sientes húmeda, pero ahora, todo comienza en tu rodilla, la cual pusiste en el suelo nuevamente, solo que ahora es la izquierda, el pantalón que tanto me gusta comienza a cambiar de color, tu rostro se transforma y el grito se ahoga en las lágrimas, el olvido se transforma, te observas en reflejos que no vienen de espejos, las paredes blancas intensifican el dolor y mis letras llegan al final que se ven reflejadas en tus ojos que intensifican el color rojo carmesí,... de la última gota de sangre que cae.
Olvido
93
14.7.10
Capitulo Cero: La Huída
Yo ya no soy yo, o al menos ya no soy más yo, el reflejo de mi sombra ausente me hace pensar sobre mi identidad, y aún más, me ha dejado completamente solo.
No reconozco al que camina conmigo, el reloj que me da la hora, ni los tenis azules que voy siguiendo. Me detengo en medio de la calle y ojos furiosos me reclaman con muecas y sonidos que rebotan en el interior de su auto, ambos estamos paralizados. Furiosos y llenos de miedos, me disculpo con el cuerpo y la mirada y ella sonríe incrédula ante la simpleza de mi andanza.
Una vez más, me embarga esa quietud del sórdido ruido urbano que se refleja en ese pequeño continente de agua que logro saltar cuando me veo girar la esquina y me devuelve ese tono azuloso que no alcanzo. Algunas sombras intentan venirse conmigo, algunas caen, otras se golpean y otras se atropellan por coserse a mis pies. Las observo con detenimiento, intento fijar la vista en los puntos en que siento una sombra tendría ojos; quieto, respirando cortadamente, tensando los músculos voy entendiendo su angustia y desesperación ante la orfandad en la que se encuentran, me descubren y su oscuridad parece extenderse a la poca distancia que nos separaba, el aire se comprime dentro de mí, las sombras dejaron de serlo y yo inhalo colores a mis pulmones.
A últimos días siento como el aire entra de forma apresurada a mis pulmones, como si estuviera huyendo de algo y buscara refugio en mi interior. Su miedo es tal, que se adhiere con todas las partículas que la física cuántica le permite, lo que provoca una contracción en ellos y además, todo al unísono tiempo, una pelea constante entre, por una parte, la desesperación pulmonar por expulsarlo y, por otra, la actitud férrea del aire al no querer ser expulsado a este espacio que hoy no reconozco.
Le doy asilo, un hueco. Me la pienso bien y le ruego que hurgue el sitio en mí que mayor seguridad le ofrezca sin hacerme responsable. Las responsabilidades dejémoslas a los hombres que hablan de colores. Una vez instalado, la fuga se hace más fácil, pero no menos incomoda. Echo a correr y sé que sigue ahí, sólo que ahora ambos sentimos, a su modo y a su forma, que ni él, ni yo, vamos con nosotros.
Olvido
93
12.7.10
Ausencia de letras
6.7.10
Tránsito...
Se dice que siempre me estoy yendo y que no voy a ningún lugar…
Hay veces que bien, hay veces que mal, hay veces que ríes con bocas ajenas y veces que lloras con lágrimas prestadas. Veces en las que te pones botas y otras en las que van más tus pies desnudos. Momentos que merecen vino o whisky y días en los que te deseo en cerveza. Mañanas en las que hueles a bulgary, y otras sin embargo, en las que te perfumas contigo misma... Palabras que merecen réplica y otras con las que tu mejor silencio es tu mejor respuesta. Ocasiones de noches de amor apasionada, con besos apasionados y besos cotidianos, cargados de sin pasión y que hablan más de uno mismo que aquellos enmarcados en pasiones furtivas. Quiero hacer de los contrastes una lógica, quiero que cada momento tenga un por qué, pero no dejar de quererte con tanta interrogante. Van a llegar las noches de copas, en las que la risa es el centro de las reuniones y cada día te levantas recordando anécdotas, es genial. Aquí están ya los días de playa, los días de ciudad, de parque y gusanos, de banquetas y bares, de fuentes y libros en el bolsillo trasero, en los que jugamos a no ser nosotros y matamos cucarachas.
Y ahora… parto..
Olvido
93
26.6.10
Sueño
Una vez que la luz tocó mi rostro me di cuenta que acababa de soñar contigo…
Hoy me levante de mal humor, la sensación de sentirme desnudo, sin sentido, potencializó el ánimo matutino, las voces que corroían mis oídos y el reflejo de las siluetas, entre persiana y persiana, rasgaban mi piel constantemente. Por fin abrí los ojos, lentamente pude enfocar y reconocer cada imagen que ante ellos se presentaban y tuve unas infinitas ganas de cambiar de corazón…
… qué lástima que no tuve letras a la mano, porque simplemente, a veces no me gusta amanecer conmigo.
He recorrido cada espacio, y cada espacio es diferente a uno mismo, ante ello he decidido perderme entre la ira de las masas urbanas, a veces me he dejado ver por ojos en los que pude incrustarme y platiqué con bocas que hablarán con las manos; pasan constantemente y yo… aún no puedo abrir los ojos.
Me irrito, me enfado y encuentro cicatrices que a veces alejan de la verdad por más que ellas jueguen…entonces, decido quitarme un brazo, y la incertidumbre me embarga justo antes de ponerme el reloj. Dejo el brazo y me encomiendo al tiempo de la mano derecha, a pesar de que él casi siempre me abandonó.
Sigo en la movilidad antropológica, al tiempo que reviso que mi armado haya sido el correcto. Algo de mí tuve que haber olvidado en la casa, justo entre sábana y sudor, sólo que no recuerdo qué forma tenía.
Sigo intentado encontrar las letras y su forma correcta…
15.6.10
La historia de A
A es una chica fascinante, la llamaremos A porque no le gusta cómo suena D. Quizá tampoco fascinante sea un adjetivo que pueda describirla fidedignamente, sobre todo porque es más ella.
Tampoco podría describirla física ni emocionalmente, es un entramado de sensaciones hoy día, que a ciencia cierta, ni ella ni nosotros, sabemos las razones.
Un día, después de poner un pie al bajar de la cama, le llego la idea de que inevitablemente tenía que crecer y para ello sólo le quedaban dos días, mientras pensaba esto al mismo tiempo observaba con gran detenimiento como se extendían sólo dos dedos de la palma de su mano derecha; justo en ese momento sintió un escalofrío que le recorría desde la punta del pie hasta llegar al corazón provocándole una reacción inmediata de vértigo que la catapultaba a encubrirse, no con el mismo placer de la noche, de nuevo entre las sábanas. Tampoco sabemos si fue el frío del piso o los dos días que restaban.
Horas antes o después, días próximos o usados, sintió un desajuste corporal, al cual le atribuía estados de ánimo inconstantes, volubilidad y sensibilidad no habitual, por supuesto, en letras de aire lo denomino un estado hormonal femenino, el cual venía a congestionar una vez más los pensamientos que hoy la embargan, tratando de justificar una vez más los días marcados con una x en el calendario frente a ella. Eso aún permanece desconocido para ella y cada uno de nosotros y A se limita a mover la cabeza de derecha a izquierda mientras baja la mirada.
Justo en ese momento a sus oídos sólo llega el ruido sordo del televisor, la grata compañía en las noches de insomnio laboral universitario, madrugadas de desvelo planeando, haciendo, creando y moldeando el mundo a diestra y siniestra. Esa costumbre nocturna que tanto placer le ofrecía. Un sonido llama su atención, pensándolo bien es más que un sonido, es una melodía. Inmediatamente, como un acto reflejo, levanta la vista al televisor y su primer reconocimiento es el canal en el que se encuentra, no está del todo segura del programa que se transmite a esa hora; lo único de lo que tiene certeza es que está en sintonía con el canal 11. Detalles que se olvidan o que no son relevantes la limitan o concentran en el video que en ese momento se está transmitiendo, no sabe por qué razón se siente empapada de múltiples emociones, tampoco sabe que es lo que las está detonando, ni siquiera cuáles, cómo ni dónde están varadas. Simplemente intenta centrar todo aquello en ese trío inglés que se proyecta en la pantalla y que lleva por nombre The Tiger Lillies, sin más se deja llevar por esa encaramada de sonidos que esa noche permanecerá en vela mientras suena en su cabeza la canción que se le permitió escuchar.
Los días posteriores dedico gran parte de su tiempo a encontrar en uno y otro lado las canciones, discos, reseñas que le dieran un norte a sus sensaciones. Descubrió que sus emociones eran poco conocidas o ajenas a su país de origen; lo que permitió crearse, más que una actitud de resignación, un entusiasmo con las migajas que iba recolectando del grupo. Simplemente era encontrar una a una cada pieza del rompecabezas de ella misma proyectada en cada una de las canciones que formaban parte de su conglomerado musical, hasta que un día, sin percatarse del todo, había terminado la escuela.
A creció, se incorporó al plano laboral y, sobre todo, al sentimental. Se enfrentó al desamor y, por ende, a la cómoda sensación de fuga cuando éste no resulta del todo agradable. Pensó en su suerte, en el desanimo y las desventuras que la embargaban día a día. Su estado anímico no se encontraba en plenitud, por demás está decirlo cuando la encontramos reflexionando sobre viajar a otra ciudad en busca de refugio y alejarse del festival, alegoría de su ciudad.
Casualmente entre letras, como ahora la encontramos y creemos conocerla, A sintió de nuevo ese giro de antaño, que alguna vez provocó y no supo descifrar. Sólo que en esta ocasión la pantalla era sólo un trozo de papel y tinta que le ofrecía el entendimiento o, al menos, una pista más, para descifrarse a ella misma. El anuncio prometía la presentación de The Tiger Lillies.
No sabemos si fue literal, pero las ráfagas de viento golpeaban su rostro y secaban sus lágrimas mientras corría hacia la adquisición del boleto que le diera la entrada a un contacto directo con el generador de esas sensaciones, para ese entonces universitarias, las cuales mal descritas han crecido a la par con ella, y quizá tanto como esa extensión de dedos que algún momento describimos. Su ansia fue tal, que una vez que arribo al escenario y encontrase sola, esta se convirtió en incredulidad, sobre todo al leer el asiento designado en su boleto. 2ª fila, uno no puede estar más cerca de uno mismo porque no sabríamos que hacer con nosotros.
Durante el concierto sólo logro adquirir uno de sus discos y cierta información que le permitiría encontrarse directamente con ellos. Al final, decidió esperar, esperar, esperar hasta que sin más la internaron por una pequeña puerta, maquiavélica, macabra, tétrica y triste, imagen proyectiva ideal del grupo en cuestión, que la conduciría al contacto directo de su estado en potencia. El contacto fue por demás fascinante, surrealista e indescriptible, algo que aún no podemos describir, ni ella, ni nosotros.
Hoy A, a dos días de esa corrección emocional no deja de observar su programa, escuchar su disco y visualizar la playera en la que ha dejado colgadas miles de sensaciones que de vez en vez sacude y hace retumbar en su propia habitación, sobre todo ahora que está creciendo.
Por eso, he decido escribir sobre A, sin permiso. Una historia que me era vedada, un grupo que me era desconocido y, lo más importante, porque si la miras bien, no es una chica fascinante, sólo es más ella.
93
Olvido
14.6.10
Recuerdos vinílicos
El último silbido de la canción lo despertó justo antes de que la aguja comenzara a producir ese ruido característico que los tornamesas cargan consigo. Se paso la mano por la frente para secar la gota de sudor que creía resbalaba ante la pérdida de un cuento que aún no había escuchado, a pesar de no estar seguro de ello, quizá no había despertado del todo y seguía siendo un sueño, uno de esos tantos sueños que lo acompañan en la duermevela y que nunca ha podido hilar del todo.
Su ansia por despertar o sentirse despertado lo carcomía, sobre todo porque no quería sentir ese dolor de aguja en el acetato; simplemente él sabía que el ruido, como muchos tantos, no le importaba, el verdadero interés y la fuerza que acompañaba esa motricidad casi elástica e instantánea era el valor que le otorgaba a cada uno de sus discos. Todas las noches disfrutaba colocar un par en ese aparato anticuado, como solían nombrarlo cada una de las personas que esporádicamente asistían, y él, al mismo tiempo, disfrutaba la sensación que esa frase producía, sobre todo porque la hacía suya, la incorporaba a su limitado vocabulario que sólo consistía en títulos de canciones, de álbums, fechas de lanzamiento y, ocasionalmente, si la inspiración se lo permitía, de adjetivos que le inspiraban una vuelta de vinil simplemente por el hecho de no saber cómo describirlo.
Estiro la mano para remover esa punta que lastimaría las emociones que había transportado y mimetizado en la eterna circunferencia rítmica; la dejo a un lado con gran cuidado al tiempo que observaba el último trago de whisky que aún quedaba, de la penúltima canción, sobre la mesa negra en la que solía escribir. Inmediatamente y con gran cautela, como si de ello dependiera su vida, levanto el acetato, lo observó cuidadosamente, cada una de sus líneas concéntricas, sopló y resopló como si quiera desvanecer esa capa obscura que guardaba una de las tantas historias en las que se sumergía de vez en vez y, mientras buscaba la correspondiente guarida de las mismas entre las reminiscencias de sus recuerdos, con la mano que le quedaba libre, alcanzó ese vaso que se le ofrecía aprovechando las historias confusas que bailaban en su mente. Lo bebió de un sorbo, guardo el disco de colección que sólo escuchaba en momentos en los que se sentía realmente solo, sin más, sin piel, sin corbata, sin tiempo, él y sus historias de plástico, sólo él y esa sensación que exhalaba al dejar vacio el vaso, su mano y el tornamesa, él y su neostalgía cuando dejo de ser un sueño, cuando se despertó justo antes de que la aguja comenzará a producir ese ruido característico.
93
Olvido
7.5.10
Rastro de mis letras
Escuchas mis pasos, te sigo constantemente cada que tus ojos van detrás de mi.
La música ha invadido mi cuerpo y los dedos siguen paralizados tratando de descifrar las palabras exactas que permitan plasmarse en cada una de las hojas que cargo conmigo y que son el reflejo de ojos multiples que no saben leer.
Ahora solo escribo para ciegos que sienten.
2.5.10
El escribano
Soy uno de esos tipos que no acaban de comprender las cosas hasta que las pone por escrito. Por eso estoy escribiendo. Aunque bien sé, que tendré que reescribir un tiempo después para entender lo que ahora escribo. No importa la forma en que escriba, ni el móvil que me lleve a ello, incluso ni siquiera es importante solo con plasmar la letra de tal o cual forma, porque no se trata de vestirse o quitarse una corbata, no es tan fácil como quitarse el reloj monótonamente y dejarlo al lado de la cartera sobre la mesa, ni siquiera es un ejercicio manual que va siguiendo la trayectoria que la mente o las emociones le van dictando, lo importante aquí sólo es escribir.
Existen diversas formas de hacerlo y todas ellas muy independientes, hablamos de independencia no como autonomía, porque entonces la escritura, de la forma que se dé no podría llevarse a cabo, siempre existe una dependencia de una u otra inspiración, de cualquier proyección, de un algo o de otro sobre el que se escribe, incluso de uno mismo. En este caso, es una independencia del valor que cada escritura genera por sí misma, de que una de mis A tiene una carga singular y esencial por ella misma, que se refleja y se diferencia de mis otras A, a esto, más aún, si le incluimos la letra que le antecede o le sigue. Inclusive, y quizá por ello es tan independiente, que tendrá otra carga a partir de los ojos y la lectura que le den. Aunque esa, también es una forma de escribir.
Uno escribe con los ojos, como la he escrito con cada una de mis miradas, escribo sus rituales, su forma de quitarse la ropa, describo la lucha que lleva a cabo cuando intenta quitarse una de sus botas y su placer una vez que ha encontrado la libertad en cada uno de sus dedos; intento colocar cada una de las comas que sus pies descalzos van dejando tras de sí, aunque a veces me confundo entre un punto o un espacio, sobre todo cuando baila.
Aquellos párrafos que se escriben con mayor facilidad están relacionados con sus formas de quitarse la blusa por encima de la cabeza o simplemente desabrochársela al tiempo que explora los olores de sus axilas en la prenda de vestir, en esos momentos me pregunto por qué no va oliendo los lugares que va recorriendo, los objetos que va tocando, las revistas que mira, después de todo también están impregnados de su fragancia.
Me fascinan los pequeños cuentos de ficción que intento plasmar cuando se observa al espejo y no deja de menearse con toda la humedad que la embarga, lo difícil es encontrar los sinónimos de la que está al otro lado y en algunos casos deja reflejarme. Entonces escribo para mí, porque una vez que se aleja del espejo, depende de mi mirada, de mis letras y de las formas en que yo puedo hacer que cambie tanto, al igual que la noche de afuera, de todas las noches que van y vienen en una misma noche y, mejor aún, todas las mujeres que van y vienen mientras se desplaza y la escribo. Ocasionalmente he tenido que crear algún paréntesis, sobre todo cuando observo la cicatriz de su pierna, el lunar de su pubis o la lágrima que recorre su vientre por todo lo que carga o ha vivido.
En otras ocasiones solo escribo porque me gusta, porque gustar sea quizá la mejor manera de tener, ya que tener, creo que es la peor manera de gustar. Me gusta escribirla cuando juego a no tocarla, a no tenerla, mis dedos sienten su piel sin necesidad de tenerla y mejor aún, me divierte tenerla y no saber que escribir, entonces mis dedos enmudecen, mi cuerpo pierde el dictáfono y no me queda más que cambiar la página. Las veces que la sueño son libros que aún no he podido leer, a pesar de haberlos escrito. Entonces, solo entonces, trato de leerla suavemente, penetrar a través de su vello púbico y terminar en el tatuaje que remarca su historia conmigo, mi propia autobiografía.
A veces creo que voy escribiendo una telenovela, con sus actos, sus humores y deseos inocuos y el miedo me carcome ante la ignorancia de saber que los condenados a ese infierno ya jamás pueden salir de él, pero eso está en una traducción que aún nadie ha llevado a cabo.
También debo de confesar que la soledad ha dejado de herirme y que intento escribirla de múltiples formas, por un lado mis odios y por otro mis amores, sobre todo porque estoy consciente que las cicatrices contienen un diccionario por el que mantengo un gran interés; las carias también.
Hoy te saco del espejo y sólo intento escribir, ya que solo soy uno de esos tipos que no acaban de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.
93
20.3.10
En Casa
16.3.10
Intro...

